Conoce la biblia
Jesús no era el único que hacía milagros. El mundo antiguo conocía personajes y lugares donde la gente podía sanarse y expulsar el mal. Pero ¿qué diferencia a Jesús de otros taumaturgos? ¿Qué milagros lo distinguían, que ningún otro era capaz de realizar? Jesús jamás obraba porque sí, o movido solamente por sus emociones. ¿Qué sentido tienen sus sanaciones? ¿Por qué Jesús no siempre ejerció su capacidad para obrar prodigios? ¿Qué relación hay entre salud y salvación, entre enfermedad y pecado? Cada milagro de Jesús encierra una enseñanza que va más allá de la sanación física y mental. Los evangelios nos dan pistas si sabemos leer despacio las palabras y los gestos con que Jesús acompaña cada exorcismo o curación.
Cuando Jesús cura el cuerpo, sana también el alma. Cuando Jesús sana a un enfermo, lo restaura y lo reintegra a su comunidad. Cuando Jesús obra con autoridad sobre las fuerzas de la naturaleza, está mostrando que es el Hijo de Dios. Los milagros son signos del Reino de Dios que ya está aquí: liberación del dolor, la enfermedad, el mal y la muerte.
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